La visita, anunciada y preparada por todos con anticipación ha supuesto un momento de gracia, un motivo más para seguir profundizando en la identidad común, “ser miembros de la familia de María Ana Mogas” cada uno desde nuestra vocación específica y una ocasión de reafirmarnos en nuestra voluntad de avanzar unidos, superando dificultades pasadas.
Los encuentros con cada fraternidad en su lugar de origen, Paine, Curico y Santiago, así como las entrevistas personales, nos han permitido a todos buscar juntos la verdad, celebrar la vida y vocación que el Señor nos regala y compartir el camino personal y grupal, para conocernos más y sentirnos más hermanas y hermanos.
Momento importante ha sido el “Encuentro de todos los Asociados en Santiago” el día 13, en la casa de las hermanas. Juntos hemos reflexionado sobre nuestro logotipo que simboliza la espiritualidad y la vida de la Asociación, hemos analizado nuestro “brote” en Chile las raíces que nos arraigan y dan firmeza, los cuidados que necesitamos, la tierra que somos...
Partiendo del carisma recibido que nos hace hermanos y hermanas de la misma familia a hermanas religiosas y laicos asociados, y abriendo los Estatutos como “hoja de ruta”, hemos aclarado y concretado los criterios para seguir avanzando, convencidas de que el Señor nos llama a continuar mirando hacia delante, fortaleciendo la fraternidad con actitudes de perdón, comprensión, confianza y cuidado mutuo.
La Eucaristía presidida por el P. Juan, amigo y hermano en el amor a Mª Ana, cerró en ambiente de alegría y acción de gracias, unos días en los que hemos experimentado que realmente esto de la Asociación “es cosa de Dios”, Él camina con nosotros y nos hace crecer como grupo, haciendo su obra en cada uno, llamando, sanando, sosteniendo, iluminando... Por eso, como repetidamente hemos cantado nos sentimos: “Esa gente feliz porque vive muy cerca de Dios”
Damos gracias a cada una de las personas, hermanas y laicos, que han hecho posibles estos Encuentros con su pequeño, siempre gran, aporte. A Marta y a Guadalupe por su presencia cercana, a Esperanza que ha estado siempre atenta a todo y a todos, a tantas hermanas y laicos que desde muchos lugares del mundo nos han acompañado con su oración y sus mensajes. Al Señor que lo hizo posible y a la protección de nuestra M. Fundadora que, sin duda, desde el cielo nos mira, sonríe y nos bendice recordándonos que camina con nosotros en Amor y Sacrificio.