Un año más cuando empieza a parecernos que se acaba la Navidad, que hay que recoger los nacimientos, luces y estrellas, nos sorprendemos preparando la fiesta del “nacimiento de nuestra M. Fundadora”. Es como si se nos quisiera recordar que eso de “nacer” no es algo que se pueda recordar solo una vez al año y guardar luego hasta el próximo. Que, desde el nacimiento de Jesús, nacer cada día es una dinámica cristiana que permanentemente va realizándose en nuestras vidas.

Nació Mª Ana un 13 de enero de 1827, nació la Congregación en 1850, nació la Asociación en 1999…  Cada uno de nosotros tenemos la fecha de nuestro primer nacimiento y otras muchas, ¡tantas cosas han nacido en nosotros!, incluso algunas tenemos experiencia de ese “nacer de nuevo”, del que nos habla Jesús en el Evangelio de Juan, con fecha inolvidable.

Sí, nacer es ese don del Espíritu que se nos regala continuamente, con tal que sepamos reconocerlo y acogerlo. En muchas ocasiones, “sin que sepamos como”, las semillas sembradas en nosotros y en nuestra familia congregacional van creciendo, otras somos conscientes de ello, con gozo o en medio de sufrimientos. Porque nacer, salir a la vida, “dar a luz” algo nuevo suele ser doloroso. ¿No sufrió nuestra M. Fundadora incomprensiones, oposiciones, ingratitudes...?

 

En esta clave quiero tener un recuerdo especial para Mabel Enrico, este 13 de enero cuando hace exactamente un mes que falleció. El nacimiento de la Asociación está unido a su vida  y a su muerte. Ella fue una de las iniciadoras, de las que no dudó al recibir la notita de Marta que decía “Vamos a vivir como hermanas laicas el Amor y Sacrificio, el carisma de María Ana” y dijo SI. Hizo su compromiso en la Asociación en Buenos Aires, el 7 de julio de 2001, con el primer grupo. Su entusiasmo y amor a nuestra Fundadora, soy testigo de ello, aportó siempre energía, calidez, apasiona- miento, expresado en múltiples gestos pequeños pero cargados de contenido, una imagen, tres palabras escritas en un papel entregado a punto…

Y cuando muy pronto la enfermedad se hizo presente y los múltiples sufrimientos que tuvo que vivir unidos a ella, era impresionante su fe y su fortaleza. Hacían vislumbrar el árbol con sólidas raíces que, aun perdiendo todas sus hojas, sabe seguir viviendo de la vida y la savia que la recorre y sostiene por dentro.  Aun en sus últimos meses de vida, cuando la visitaba o llamaba por teléfono, siendo ella muy consciente de su muerte cercana y experimentando muchos dolores, mantenía muy clara su pertenencia a la Asociación y su papel en ella: “Recen a María Ana para que yo me vaya; aquí ya no les ayudo… Desde allí rezaré por ustedes, por todos, por la Asociación y van a ver que estarán mejor”
Mabel entendió el camino por el que el Señor la llevaba en la familia de Mª Ana y se dispuso a “nacer de nuevo”. Con su muerte, con su nuevo nacimiento, en la Asociación nace también algo nuevo, la vida se consolida y a cada uno nos llega la llamada a seguir “naciendo”.
Que esta nueva celebración del nacimiento de nuestra M. Fundadora nos ilumine y afiance nuestro caminar como familia, nos abra a la confianza plena en el Dios que hizo nacer a su Hijo entre nosotros y lo sigue haciendo cada día, porque nos quiere del todo y gratuitamente.

¡Feliz día de nuestra Fundadora!
Un fuerte abrazo
Mª Guadalupe Labrador
Asesora General Asociación Mª Ana Mogas