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13 de Enero de 2009 Acabamos de celebrar la Epifanía del Señor y justamente en la octava de esta fiesta, recordamos el nacimiento de nuestra Madre Fundadora, el nacimiento de una mujer quecon toda certeza podemos decir que ha sido para el mundo manifestación del amor de Dios. Una mujer que comoSan Pablo podría decir: “La gracia de Dios no ha sido estéril en mí” (1 ª Cr. 15,10).
Reconocemos en Mª Ana un signo visible del amor de Dios porque pasó por la vida amando, haciendo el bien a todos, buscando en todo la voluntad de Dios y su gloria.
“Su delicia era hacer el bien a sus semejantesy hacerlo sin medida… Siempre debían acompañar a la caridad la dulzura y la prontitud”. La caridad fue para ella un camino que la unió a Dios y la lanzó a los hermanos… El“dejarse amar por Dios” la puso en condiciones de encontrar al prójimo entre los mismos de casa y entre los más lejanos, haciéndose cercana, comprensiva y solidaria. De ella han dicho los teólogos: “Su contemplación del rostro de Dios la lleva a una contemplación de ese rostro contrahecho de las criaturas de Dios. Por ello quiere limpiarlo con su caridad que se convierte en obra”. Y sus últimas palabras: “Hijas mías, amaos las unas a las otras como yo os he amado. Sufríos como yo os he sufrido. Caridad, caridad verdadera. ¡Amor y Sacrificio!”
Palabras que son reflejo de una vida entregada al servicio de Dios y de los hermanos y que resuenan constantemente en nuestros corazones. Al recordar hoy su nacimiento, agradecemos al Señor el don recibido con la vida de Mª Ana y renovamos el compromiso de seguir sus huellas avanzando por el camino que ella inició, proclamando que es posible la alegría, que aún existe la esperanza y que se puede vivir en el AMOR. Un abrazo fraterno
Ramona Feijóo Freitas Secretariado Mª Ana Mogas |