VIDEO CASERO DE LA MISIÓN DE FONTE BOA

Video aportado a www.franciscanas.com  por la Hna. Isabel Misionera Franciscana M.D.P. en Moçambique durante más de 10 años.
Hna.Isabel, Franciscana Misionera M.D.P., repartiendo comida en la Misión de Fonte Boa (MOÇAMBIQUE)
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PRIMERAS EXPERIENCIAS DE MOZAMBIQUE.

Hna. Sonia Valiño Romero. Franciscana Misionera M.D.P.

La realidad de Mozambique se presenta a los ojos del que la mira por primera vez, como algo insólito, desconcertante, y a la vez cautivador, difícil de describir. Este país lo hay que percibir con todos nuestros sentidos.

Mi primer contacto con esta tierra fue cuando el avión de las líneas aéreas portuguesas estaba sobrevolando Maputo, la capital de Mozambique. En aquel momento recordé una frase que un amigo que había estado en Mozambique me dijo: ¡allí no hay nada a que ir!. El panorama que estaba contemplando desde la ventanilla me sobrecogió, nunca había visto nada igual. Millares de casas con el tejado de zinc, no era capaz de ver ningún edificio en ese momento y ningún otro tipo de infraestructura, puente o carretera.

Esta primera observación sería contrastada minutos más tarde al acercarme a la ciudad. Aquella afortunadamente no era toda la realidad, existían edificios, carreteras pero su deterioro me pareció indigno de una capital.


El viaje en coche de Beira a Fonte Boa, en la provincia de Tete fue una experiencia singular. A mi mente vino de repente el caminar de los peregrinos a Santiago de Compostela. Aquí la gente camina mucho, pero para mi era nuevo el ver a lo largo de novecientos veinte Km el continuo caminar de gente que se dirigía a algún lugar por el arcén de la carretera, con el consiguiente peligro de ser atropellados. Como en otros tiempos las carreteras son lugares por los que pasa la cultura y se produce la relación entre los pueblos y el intercambio de costumbres.

A lo largo de la carretera, muchos pueblos viven del comercio, de aquellos productos que producen, frutas, verduras, carbón natural, ladrillos de adobe, animales domésticos y el viajero que se detiene para descansar, no pude escapar del alubión de vendedores que les ofrecen sus mercancías. El vendedor más audaz se llevará la ganancia, mientras los otros esperarán mejor suerte.



En todo este recorrido apenas se ven establecimientos comerciales, pero en la ciudad de Chimoio, pude ver un área comercial. Era el 24 de Diciembre, noche buena. Entramos en la inmensa nave comercial y allí una gran cantidad de privilegiados estaban haciendo sus compras de navidad. Como en todas las ciudades del mundo también en Mozambique hay ricos que gozan de una posición social más elevada que el común de la gente.

Pasados dos meses de mi llegada a Mozambique y viviendo en un medio tan bello como lo es la región de Angonia al norte de Mozambique pude ir descubriendo otra realidad muy diferente.

Con el comienzo del ano escolar, Fonte Boa, rodeada de majestuosas montanas como el Domue, se convierte en casi una “ciudad universitaria”. Una gran cantidad de jóvenes se concentran en la Misión católica para empezar el curso escolar. Con sencillos cuadernos y apenas algún bolígrafo en su bolso, los alumnos parecen contentos de su regreso a las aulas. Muchos llegan con el curso ya comenzado para hacer su matrícula y la razón es simple, no han venido antes porque no tenían dinero para hacer su inscripción. La ilusión se refleja en sus rostros cuando todavía sin estrenas sus cuadernos buscan presurosos alguna hoja de un periódico o revista vieja para forrarlos o cuando reconocen sus deseos de aprender. Pero ni todos los adolescentes y jóvenes tienen la suerte de los alumnos de la escuela de Fonte Boa, algunos porque son huérfanos y no tienen recursos, yotros como algunas adolescentes porque son madres y tienen que cuidar de sus bebes.

La vida en Fonte Boa no es fácil. Sus gentes viven del campo y este no siempre produce lo necesario para el sustento. La lluvia es tan importante que si esta escasea, la cosecha no produce, los ríos no llenan su caudal y en consecuencia las gentes no tienen con que lavarse, con que cocinar, ni que beber. El ano pasado fue un ano de pocas lluvias y por tanto de escasez y de hambre. Esta situación movilizó a las hermanas franciscanas y a los padres jesuitas a hacer algo. El resultado fue el proyecto “alimentos por trabajo”. El mismo día 24 de Diciembre comenzó la distribución. Es sobrecogedor ver a los más pobres recibir en sus manos extendidas, unos cuantos kilos de maíz, de arroz y de sal, para poder hacer frente a sus necesidades más básicas. Uno de aquellos sábados en que íbamos a llevar alimentos a las distintas comunidades, en Fonte Boa me vi sorprendida por un sentimiento de pequenez, mientras ayudaba a los más débiles, ancianos, ninos, y madres con sus bebes a la espalda a recoger su poca fortuna. Era un gesto sin importancia, pero me di cuenta mirando sus rostros, sus manos, sus pies y sobre todo sus ojos, de la fuerza interior de estas personas, de su capacidad de sufrimiento, su grandeza de corazón para acoger lo poco y su sencillez para agradecerlo. Aquel sentimiento me incomodó por un tiempo, sólo después orando recordé aquella experiencia de cercanía con las personas y percibí la presencia escondida de Dios en los pequenos y débiles. Como Moisés en el monte Horeb en medio de la zarza, Dios me dijo: No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque, el lugar en que estás es tierra sagrada. Se que mi visión es muy corta y tal vez no he captado la grandeza de una vida tan sencilla y rica como la del pueblo nyanja, que como su nombre indica “mar o lago grande’’ es profunda como el mar y no se puede abarcar de una vez. Pido perdón a aquellos que lean este artículo si les he ofendido con esta pobre visión de Mozambique, sobre todo a mis hermanas mozambicanas y también a aquellas que llevan muchos anos conociendo y amando este pais.Por ello, como dicen mis hermanos bantos, ¡pepani!, Zikomo kwambiri. Perdón y muchas gracias.


Sonia Valino Romero
(Hna. Franciscana Misionera M.D.P.)
17/3/2006