Encuentro de hermanas Franciscanas. TEMA:Justicia, Paz e Integridad de la Creación - Galicia (VER FOTOS)
“Levántate…Baja…Vete…” Ya me gustaría saber expresar el contenido y la vivencia de la jornada pensada, programada y convocada por la Provincia y animada por nuestra hermana Rosario a la que hemos asistido, más o menos, una treintena de hermanas. Llevada a cabo, dicha jornada, en el día de la celebración de la Vida Consagrada, (2 de febrero). El contenido del mencionado encuentro, celebrado bajo el lema: Levántate…Baja…Vete, que tiene como fondo, la Palabra en Hch. 10,1-12, informó, de base, toda la jornada. Yo la he percibido como una llamada a despertar, pues un tema tan de todas y todos, por lo mismo, tan nuestro, tan del mundo franciscano como es la justicia, la paz y la integridad de la creación puede que en aras de algo que puede ser muy vital, fundamental y, en estos momentos, hasta crucial y una no puede dedicar un tiempo a estas reflexiones, pero puede también ocurrir que, perdidas en cosas no tan vitales, nos estemos durmiendo con respecto a un tema, que descubrimos con satisfacción, es preocupación de muchas personas y organismos. La Madre Tierra, nuestra casa gratuita, regalo del Creador, se queja y a poco que observamos, podemos ver su deterioro y escuchar su lamento, junto con el lamento de nuestros hermanos, que en ella viven y caminan con nosotras. Ha sido una llamada a la responsabilidad y corresponsabilidad desde nuestro carisma, a la contemplación, a la admiración, al respeto, a la vivencia efectiva de nuestra consagración en su totalidad, aunque se ha insistido más quizás, en el aspecto de la pobreza. Nos hemos familiarizado un poco con los Objetivos del Milenio y con la Carta de la tierra, documento que más bien parecía sernos un tanto desconocido. De entrada, su preámbulo me hizo reflexionar. Lo voy a transcribir aunque muchas ya lo conozcáis: Estamos en un momento crítico de la historia de la tierra, en la cual la humanidad ha de elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible, fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras. Hna. Josefa Gómez |